Milagro de Santa Teresa en Huéneja

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Santa Teresa


Corre el año de 1616. Reina en las Españas el monarca Felipe III (1598-1621) de la casa de Austria. hace tan sólo dos años, un breve del pontífice Paulo V de fecha 24 de abril de 1614 proclama Beata a la reformadora de la orden del Carmelo, Teresa de Ávila, fallecida el 4 de octubre de 1582, el mismo año de la fundación del primer convento de Carmelitas Descalzas de Granada. Para entonces su fama se ha extendido fuera de la Península y en Italia y en España se recogen cuantas causas e intervenciones milagrosas tienen lugar bajo su amparo y mediación. Éstas tienen lugar no sólo en vida de la fundadora sino incluso en el periodo transcurrido entre su óbito y beatificación y después de ésta. Aún con ser numerosas, nos referiremos únicamente a la que tendrá lugar, por su proximidad a la que nos ocupa, en Burgos, en la persona del niño Agustín José de Alba, quien recién nacido enferma el mismo día de recibir el bautismo. Éste, tras la intercesión de Teresa de Jesús se recupera milagrosamente, según narra el P.F. Bonifacio Moral en su laureada edición de la Vida de Santa Teresa de Jesús, publicada en Valladolid en 1890. A continuación hace cumplida referencia al portentoso suceso acaecido en la villa de Egüenaja de la diócesis de Guadix. No obstante, dada la lejanía de las fuentes utilizadas por el autor e incluso alguna discordancia con otras, hemos preferido acudir directamente a la conservada en el archivo diocesano de la catedral de Guadix, donde en uno de sus libros de Actas Capitulares, se recoge el proceso que con motivo de dicho acontecimiento tuvo lugar entre el miércoles siete y el martes veintiséis de junio de 1617.

Interpuesto pleito con el fin de dilucidar la veracidad del suceso e incluirlo en la causa de beatificación de la venerable madre fundadora que en esos momentos se tramita en Roma como hemos visto, intervienen, de un lado los padres carmelitas descalzos fray Alonso de San Josefs, prior del convento de carmelitas descalzos de Vélez Málaga y el padre fray Ángelo de la Presentación de la misma orden en nombre del Reverendo padre fray Juan de Jesús María, su provincial, y del otro el licenciado Diego Ortiz, beneficiado de la parroquia de San Miguel de la ciudad de Guadix y fiscal del obispado. Están presentes entre otros, además, los señores don Diego Locano, dean; el licenciado don Manuel de Fuentes, acerdiano; doctor don Diego Alonso de Aragón, maestrescuela; doctor don Diego de Santa Cruz Saavedra, chantre; doctor don Alonso Medina Coral, tesorero; doctor Gerónimo Ruiz de Carasquilla; licenciado Juan de Villalobos, canónigo magistral; doctor don Gonçalo de Andrada, etc, dignidades de la catedral diocesana, congregados todos en cabildo ordinario.

:::para ber el pleyto de los padres carmelitas descalços y Diego hortiz fiscal deste obispado sobre el milagro que se hizo por yntersesion de la birgen Santa Teresa de Jesús en la billa de guenaja deste obispado Es a la sazón obispo de la sede accitana, Don Nicolás Valdés de Carriazo (1612-1617), a quien Carlos Asenjo Sedano ubica en la silla de San Torcuato en un momento conflictivo de lucha política entre gibelinos y guelfos y, especialmente, entre los miembros de su cabildo, algunos de los cuales acabamos de mencionar(1). Es en este contexto donde tiene lugar la vista de la causa.

Esta en esencia y en palabras textuales refiere la resurrección por la fundadora de la Reforma de la orden de carmelitas descalzos de Ysabel de Belver, niña de cuatro años, hija de Andrés de Velber (sic) y de doña María Fernández de Quintanilla. bezinos de la villa de Guenaxa, tras la consulta de los pareceres de los médicos que declararon en ella y lo alegado por las partes, por la que consta:

::que la dicha ysabel de belver niña enfermo a los beiníe y tres de julio del año pasado de mili y seiscientos y diez y seis años de unas calenturas continuas y maliciosas que le cabsaron gran dibilación hasta que por los últimos de dicho mes su padre de la dicha niña llamo a Jines Martínez y Juan Fernández despigares cirujanos que curan en la dicha villa por no aber otros médicos los quales la visitaron sin aplicarle remedio alguno por la flaqueza grande que bieron en la niña hasta los ocho de agosto que la desahuciaron por hallarla con señales conocidas de que se estaba muriendo y aquella noche a las ocho murío real y berdaderamente quedando el cuerpo cadaber elado sin pulsos sin calor sin respiración, sin movimiento y sin otra alguna action vital y en este estado su padre andres belber ynbocando, a la dicha santa virgen y madre santa Teresa de Jesús que yntercediese con dios nuestro señor resucitase y diese vida, a la dicha niña y con grande fee y debiçion hajiendo promesas a la dicha santa y le puso una estanpa suya sobre el pecho de la niña muerta, la qual despues de aver estado, ocho o nueve horas muerta, otro día, al amanecer resucito buene y sana sin calentura ni otro acidente de enfermedad alguna con su color natural de sana y entero, aliento de modo que pidio de comer y le dieron y comio con su mano y pidio su vestido y se lebanto y se sento a una ventana todo esto dentro de hora y media poco mas o menos que resucito y algunos testigos dijen questaba aquella, mañana la dicha niña mas hermosa y mas alegre que quando estaba en salud.

Hasta aquí el relato sucinto de este hecho que, respecto a la narración del P.F. Bonifacio Moral guarda alguna deferencial sustancial. Así, este, respecto al momento mismo de la curación manifiesta lo que sigue:

:Sin dejar de orar, puso (el padre) sobre el corazón de la difunta niña cierta estampa de la Santa, y á poco rato, así él como su consorte sintieron que la dicha estampa dio un recio crujido, semejante al producido por el papel que se sacude fuertemente. Espantados de la novedad, acudieron al lugar de ruido, y, cual seria la agradable sorpresa de ambos al ver que el corazón de Isabel bullía y palpitaba; y aquellos miembros poco ha cadavéricos pozaban de calor y vida.(2).

Apreciaciones del lenguaje e interpretaciones aparte, que el lector puede juzgar por sí mismo, lo cierto es que tan inexplicable hecho gozó de la consideración de los miembros del cabildo catedralicio, hasta el punto de que estos, volviendo de nuevo a la cita textual: '::[...]dixeron que daban gracias a Dios nuestro señor que es admirable en sus santos y juzgaron las dichas ynformaciones y abtos por bastantes y conforme a lo dispuesto por el santo concilio de Trento". A continuación se procede al nombramiento para el día siguiente, siete de junio, de las personas que habrían de asistir a las juntas que deberían determinar sobre el caso. En efecto estas, compuestas por miembros de distintas órdenes religiosas como santo Domingo, san Francisco, san Agustín, Compañía de Jesús, beneficiados de Santiago, san Miguel y santa Ana y los médicos Rodríguez y Pobeda [...]se reúnen en cabildo extraordinario en dicho día y determinan, tras debatir sobre el caso durante varias horas, posponer la calificación del milagro para el día 18. Lo que en efecto tiene lugar después de las tres de la tarde. Presiden el acto el cabildo y otras personalidades. Tras releerse el pleito y causa sobre la calificación de este milagro por espacio de más de seis horas y media distribuidas a lo largo de tres días, será en la cuarta junta, tras "conferir y disputar para los pareceres" (...)" de forma muy docta y con muchos fundamentos de la Sagrada Escritura y Theologia y en los derechos y medicina por tiempo de más de tres horas" donde se produxca el dictamen definitivo en la sesión siguiente: "todos unánimes y conformes de un parecer se resolvieron en que el sucesso contenido en los autos y la resurrection de la dicho ysabel de belver fue obra milagrosa y sobrenatural de la poderosa Mano de Dios por la yntercession de la santa Madre theressa de Jesús y todos juntos dieron muchas gracias a dios nuestro señor por la merced de averse servido de obrar la dicha marabilla por yntercession de la dicha Santa". (3).' Los autos con el resultado del proceso se remitirán al doctor D. Gonçalo de Santa Cruz Saaverdra, chantre, provisor oficial y vicario general quien a su vez los remitirá a la causa que sobre la beatificación tiene lugar en Roma. Vemos así como este suceso ocurrido el mismo año de la muerte de Miguel de Cervantes, tendrá un lugar importante en el proceso de canonización que verá la luz algún tiempo después, el 12 de marzo de 1622, por Decreto del Papa Gregorio XV, junto con otros no menos destacados santos, como Isidro Labrador, patrón de Madrid; Ignacio de Loyola, de Azpeitia, fundador de la Compañía de Jesús; Francisco Javier de la misma compañía y Felipe Neri, florentino y fundador de la Congregación del Oratorio. Hasta aquí la narración de este acontecimiento que tendrá lugar en Huéneja, una población donde el hecho religioso cotidiano preside el proceso, aún inconcluso, de su adaptación a nuevos usos y costumbres derivados de la repoblación posterior a 1571 y que no concluirá hasta bien entrado el siglo XVII. Precisamente será durante todo este periodo cuando tenga lugar la labor refundadora de la santa de Ávila (1515-1582), aunque básicamente en tierras castellanas si exceptuamos Sevilla y Granada.

No debemos olvidar a este respecto el similar origen de algunos de los nuevos pobladores de Huéneja: Luzón (Guadalajara), Tinajas (Cuenca), Vercial (Segovia), Zabunda (Toledo) o Miedes y Almoguera en Guadalajara, tierras por donde la santa anduviera fundando conventos por esos años, siendo rey el ínclito y todopoderoso Felipe II, el mismo que diera lugar a la rebelión, expulsión de los moriscos y nuevo poblamiento del reino de Granada.

Bibliografía y fuentes: (1) Asenjo Sedano, Carlos. Episcopologio de la Yglesia Accitana. (2) P.F. Bonifacio Moral. Vida de Santa Teresa de Jesús. (3) Archivo Catedral de Guadix. Leg. 2968. Libro 9º de Actas Capitulares: 1614-1619.

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