Tesoro de los Franceses (Cortes y Graena)

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Esta increíble historia puede haber sido cierta, por ello se deja al buen criterio del lector, el que por sí mismo determine la credulidad o incredulidad de la misma.

Transcurría el primer cuarto del siglo XX; atrás habían quedado las desamortizaciones del siglo anterior y aprovechando las circunstancias políticas de finales del siglo XIX, el Marquesado de Cortes y Graena , provincia de Granada, se apropió de casi la totalidad de las fincas de dicho pueblo. Para no tener obstáculos colocó labradores de otros municipios al control de tierras de labor en determinados cortijos.

Este fue el caso del cortijo de Cauzón Bajo, el cual se distribuyó entre las familias de Antonio Avivar Uréndez y la de Antonio Rodríguez Gómez , los cuales labraban cada uno aproximadamente la mitad de las tierras del cortijo.

Un buen día Antonio Avivar divisó a lo lejos entre el polvo del camino a unos jinetes que se dirigieron directamente a la vivienda de éste; hablaban una lengua que él no entendía, pero uno de ellos que conocía algo el español y desplegando unos mapas y unos libros que llevaban, le dijo que venían a buscar la boca de una mina, la cual debería encontrarse cerca de un serval, en un sitio invisible directamente desde el cortijo de Cauzón Bajo, igualmente desde el cortijo de El Capellán y desde la Venta del Río, pero la zona si era visible desde los tres lugares; después de repetir la búsqueda durante varios días y al no haber encontrado la mina, se marcharon y nunca más se han vuelto a ver.

Se conoce que el ejército francés había saqueado iglesias y casas particulares tanto de Granada como de Guadix y contaban con un enorme bagaje de objetos de valor. Pero como lo más valioso es la vida y ante el acoso de los españoles, emprendieron una urgente retirada hacia levante. En la Venta del Río Fardes pernoctaron y en vista de la premura con la que tenían que viajar, enterraron gran parte de los objetos que llevaban encima, contando con que siendo el mejor ejército del mundo, pronto volverían y recuperarían todo lo que había quedado sepultado. Por desgracia para ellos sus planes no salieron y nunca más volvieron, hasta la visita de aquellos franceses que visitaron a Antonio Avivar y que por supuesto no buscaban ninguna mina .

Desde entonces algunas personas, sin conocer la visita de aquellos buscadores, han tratado de localizar algo relacionado con este tema, pero ninguno de ellos dijo el objetivo de su búsqueda; el resultado siempre ha sido negativo.

Curiosamente, pasado mucho tiempo, en una tarde lluviosa de abril, a finales ya del siglo XX, un afamado zahorí de esta zona, llamémosle “Paco”, le propuso al que suscribe esta historia, el buscar “El Tesoro de los Franceses”; el único elemento de búsqueda era una simple vara de olivo con la que él detecta el agua subterránea.

Pronto pusimos manos a la obra, la vara de olivo, después de permanecer inmóvil en varias direcciones, se inclinó bruscamente, seguimos la dirección indicada durante unos trescientos metros y así fuimos repitiendo cada tramo que considerábamos oportuno, subimos al monte, la lluvia arreciaba y yo pensaba que la vara se inclinaba en la dirección de las joyerías de Purullena, bajamos a un barranco, volvimos a subir y … sorpresa, la vara se inclina en dirección contraria a la que habíamos llevado, volvimos a bajar, la ropa la teníamos totalmente mojada, subimos a mitad de ladera, la vara estaba estabilizada, pero al girar, se inclina en otra dirección, recorremos unos metros y llegamos a un punto en el que la vara giraba hacia atrás, dos metros abajo volvía en dirección contraria, estábamos en el punto buscado.

¿Qué habíamos encontrado? EL TESORO DE LOS FRANCESES.

Al observar los alrededores se aprecian los tajos aplomados, carecen de terreras, el sitio está en forma de V muy cerrada, por lo tanto de difícil excavación, allí parece ser que existía un pozo para obtener agua, el tajo fue dinamitado para enterrar el alijo que debían dejar escondido y el sitio efectivamente no es visible desde ninguno de los tres cortijos linderos, pero la zona si es perfectamente visible para los tres.

Esta es la historia que he vivido en primera persona junto con el zahorí “Paco”, pero el Tesoro sigue allí enterrado, porque si la ponemos en conocimiento de los técnicos, estos nos tomarían por locos y no lo estamos.

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