Referencias Bibliográficas(Cenes de la Vega)

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Capí­tulo de libro publicado en: "Aguas de Sierra Nevada". E. Ed. EMASAGRA. (ISBN: 84-604-8103-4, 185-252. 1993) por el Dr. Antonio Castillo Martí­n Hidrogeólogo del Instituto Andaluz de Geologí­a (CSIC-Univ. Granada)


Referencias mineras: el Oro del Río Genil

Desde los más primitivos tiempos la actividad minera de Sierra Nevada fue notable. Fenicios y cartaginenses explotaron las riquezas minerales de la Sierra; con la llegada de los romanos se intensificó y tecnificó la actividad del laboreo, llevada a cabo por cuenta directa del Gobierno de Roma. Lo mismo sucedió durante todo el período de dominación musulmana durante la que se extrajeron abundantes cantidades de hierro, plomo, cobre , cinc, cinabrio, antimonio, amianto, plata y oro; se tiene constancia de que la plata era buscada en Jerez, La Calahorra, Ferreira, Lanteira, Alquife, Lugros y Aldeire; asimismo, las vetas mas importantes de cobre se encontraron en los barrancos del Guarnón, San Juan y Val de Infierno. Muy célebres también eran en esa época las serpentinas del barranco de San Juan y el jaspe blanco y encarnado de las canteras de Lanjarón.

Con la conquista cristiana la minería de Sierra Nevada cae en decadencia hasta llegar a su paralización total. Se dictó incluso una real pragmática por la que se prohibió el laboreo de las minas y el lavado de las arenas auríferas del Darro y del Guadalfeo.

Así permanece la situación hasta la promulgación de la Ley de Minas de 1825, según la cual la Corona era propietaria de todos los yacimientos mineros. La Ley de 1859 liberalizó el sector, y la de 1869 concedió la propiedad a quienes hasta ahora eran simples concesionarios temporales; así se llega básicamente hasta la Ley de 1944. En el presente siglo la minería fue palideciendo poco a poco, y abandonándose instalaciones y minas tan características como las de La Estrella en el río Genil; mucho auge tuvo, sin embargo, la explotación del yacimiento de hierro de Alquife, hoy día en vías de extinción; notable fue también la extracción de serpentinas y algunos mármoles especiales, cuyas canteras están hoy día abandonadas; podría decirse, en fin, que la minería de Sierra Nevada, al día de hoy, ha quedado prácticamente reducida a la extracción de áridos dolomíticos de las canteras del Padul y Dúrcal.

De todos los yacimientos minerales aludidos, siempre causó fascinación el oro de Sierra Nevada. Desde tiempo muy lejano se tienen noticias de la extracción de oro en algunas minas de la Sierra, pero sobretodo era buscado preferentemente en los ríos Genil y Darro (Dauro), y, también, en el cerro del Sol, cerca de Cenes. Ya en tiempos de los moros, gozaban fama estos parajes, en los que el Rey de La Alhambra tenía empleados 400 cautivos, que recogían entre la arena partículas de oro. Una curiosa tradición, atribuye a los moros conversos el regalo de una corona, forjada con metal de recogido en este cerro. También fue de La Lancha el oro con que enchaparon el retablo de la Iglesia de San Gil, y con el que se hizo la corona que ciñera Granada a las sienes de su poeta Zorrilla; sobre el mismo yacimiento recoge el padre Echeverría, en sus "paseos por Granada", una leyenda muy antigua: la de que era de aquí el oro que los Reyes Magos ofrendaron al niño-Dios en el Portal de Belén...

A partir de 1850 una nueva fiebre del oro aboca al registro de numerosos derechos mineros sobre los terrenos rojizos, desde el cerro del Sol hasta más allá de Dílar. En 1858 se hablaba de la "California granadina" en alusión al oro de los depósitos aluvionares próximos a la ciudad. La actividad de los lavaderos fue puramente artesanal. Expertos industriales creyeron tan abundante el yacimiento, que invirtieron muchos millones de pesetas en construir un canal de cuatro leguas de largo, y en instalar potentes maquinarias, que quedaron sin aplicación poco más tarde, por no obtenerse del negocio el apetecido rendimiento. Ya lo intentaron los franceses en el siglo pasado- Juan Adolfo Goupil, 1875-concretamente en la lancha de Cenes y cerro del Sol (actual parque de Invierno), pero su gran dispersión hace que hubiese que mover ingentes cantidades de rocas y arenas, lo que no lo hace rentable; su proporción era de 4,5 mg de oro por cada tonelada de roca removida.

En tiempos más modernos se han seguido encontrado en el río Genil partículas de oro; el preciado metal sigue presente en las laderas y acumulado en las arenas del piedemonte de Sierra Nevada. Todavía es frecuente ver de vez en cuando a aficionados buscadores auríferos bregar con las arenas del Genil o el Guadalfeo, en busca de pepitas, y en este siglo son bastantes los que se vanaglorian de haberse fundido anillos de boda o de pedida con ese oro granadino.

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