PUEBLECITO ESCONDIDO ENTRE PIEDRAS Y AGUA(Cástaras)

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En pleno corazón de la Alpujarra granadina se encuentra Cástaras, un pueblo escondido con mucho encanto, pero alejado de todo lugar de paso. Para llegar a él hay que pasar por Lanjarón, Órgiva y Torvizcón. Poco después de Torvizcón encontramos un desvío a Almegíjar que hay que tomar, y subir por una carretera estrecha y llena de curvas hasta que hay un desvío hacia Cástaras. Conforme nos acercamos al pueblo observamos desde la carretera una visión hermosa.

Cástaras pueblo.jpg

Cástaras, que forma municipio con Nieles y varios cortijos importantes, es un pueblo pequeño situado alrededor de su iglesia. A pesar de ello, tiene tres barrios: el “barrio alto” está abandonado, en ruinas y casi vacío (sólo viven tres familias); el “barrio medio” está más habitable que el anterior y, aunque sólo vive una familia, sirve de lugar de vacaciones de otras cuatro familias; por último, el “barrio bajo” o “pueblo”, donde viven la mayoría de los castareños.

En su plaza, junto al Ayuntamiento, se levanta la iglesia construida en el siglo XVI y conocida como “la Catedral de la Alpujarra”. En ella destaca su retablo de madera, las hermosas vigas talladas del techo y las imágenes de los patrones San Miguel y San Antonio, entre otras. La otra patrona, la Virgen de Fátima, se encuentra en la Ermita de la Virgen, camino de Nieles, al pie del cerro Mancilla.

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Cerca de la ermita vive una curandera muy conocida a la que acude gente de todos sitios en busca de remedios para sus males. Muchos de estos remedios naturales se venden en la farmacia del pueblo, que también funciona como herbolario. Aparte de este pequeño negocio, sólo dos bares quedan en el pueblo: “el bar del pensionista” y “el bar de la placetilla”.

Únicamente en el mes de agosto Cástaras se llena de gente, ya que regresan los emigrantes que en otros tiempos emigraron a Pamplona, Barcelona, Girona, Palma de Mallorca, Granada, etc. Además, acuden turistas y conocidos de la gente del pueblo. Por este motivo, se aprovecha para celebrar la fiesta de San Miguel, que aunque es en septiembre se celebra la segunda semana de agosto desde hace años, para que puedan disfrutarla todos los que faltan a lo largo del año. Son tres días de baile, comida, juegos, reencuentros con los amigos…, donde también hay lugar para las misas y procesiones en las que se saca a San Miguel y San Antonio. En esas misas, los castareños tienen por costumbre cantar a San Miguel:

San Miguel quiere venir a vivir con sus paisanos, necesita un buen altar y tenemos que comprarlo. Con trigo y con habichuelas, con aceite y buen maíz, con billetes y pesetas, lo tenemos que adquirir. Cinco mil duritos vale, que aunque duros hay que darlos. San Miguel quiere venir a vivir con sus paisanos, necesita un buen altar y tenemos que comprarlo.

La otra fiesta local, la Virgen de Fátima, se celebra el sábado más cercano al 13 de mayo, con una romería y una comida o merienda a la que asisten todos los que pueden. Otras pequeñas fiestas, como los “chiscos de San Antón” o la “tostonada de castañas del día de Todos los Santos”, se van perdiendo poco a poco por falta de juventud. Son pocos los jóvenes que quedan en Cástaras y prueba de ello es el hecho de que la escuela cerrara sus puertas hace treinta años. Esa misma escuela, en la que hace sesenta años no cabía un niño más, es hoy una tranquila Escuela de Adultos a la que asisten algunas personas mayores con la ilusión de aprender lo que en otros tiempos no pudieron. Se trata de algunos de los pocos que han apostado por quedarse en este pueblecito escondido, sin perder la esperanza de que Cástaras siga viviendo.

Alumnos y alumnas de la S.E.P. Nacimiento del Guadalfeo (Cástaras)

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