Antonio Martínez Rodriguez

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Antonio Martinez Rodriguez
El último espartero de la zona de Cenes de la Vega

Antonio Martínez Rodríguez, el último espartero de la zona, que presumió de su crianza en un cortijo, nacido en 1928 y que a la sombra de su padre aprendió, como todos en aquellos tiempos, a la búsqueda de esparto y a la elaboración de los múltiples objetos que se precisaban en las viviendas.

Pero el pasar del tiempo, su matrimonio con Ángeles y su posterior trabajo en el SENPA (Servicio Nacional del Trigo) hizo que Antonio se olvidase de esta tarea cotidiana, que de una forma especial se trabajaba en los momentos de descanso.

Antonio fue el único espartero que finalmente trabajaba esta materia en la zona, si bien como decía Antonio, quedan algunos en Quéntar o Güejar Sierra.

Volvió a trabajar el esparto unos años antes de su jubilación. Un día iba en el tren transportando trigo, paró en uno de los pasos a nivel controlado y vio como el guarda estaba trabajando con un poco de esparto el forro de una damajuana. La charla con este hombre y los consejos de él recibidos hicieron que el gusano que estaba dormido despertara, convirtiéndose en su mayor y único trabajo diario, tras su jubilación.

El trabajo y la posterior comercialización no son rentables. La elaboración de los objetos que se hacen con el esparto como pueden ser, el forrado de garrafas de cristal, esterillas para las puertas de las casas, objetos, figuras, soplillos para las candelas, serones para los animales de carga - hoy en el olvido el serón y el burro - espuertas y centenares de objetos de los que estaríamos un buen rato hablando, tienen un coste elevado. La elaboración de los objetos que realizaba fueron para la exposición que tenía en su casa y de vez en cuando regalaba a sus amigos algunas figuras de esparto. También entre sus trabajos estaba la guita.

El esparto, en primer lugar hay que buscarlo y recogerlo durante el mes de septiembre. Llevado a la casa se pone extendido durante unos 20 días para su secado. Una vez seco se sumerge en el agua por otros tantos días para su cocción - así toma un color más dorado y llamativo - se vuelve a secar y posteriormente se maja, es decir, se machaca con mazo de madera para su buen trabajar suavizando así los objetos elaborados.

Antonio realizó en varias ocasiones una exposición de sus trabajos en diferentes momentos y lugares, todas de carácter social o municipal y con Cáritas, para contribuir a recaudar fondos para las campañas contra el Hambre.

Referencia

Artículo elaborado por Jesús Sánchez Ubric

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